Mar 26 2010
Desde sus orígenes, la impotencia masculina ha sido un término en constante debate. Diferentes teóricos y especialistas en el tema han intentando definir la impotencia masculina a fin de que dentro de que exista un único concepto único evitando confusiones y malos empleos del mismo.
El término impotencia sexual masculina se asoció siempre, más allá de la deficiencia a nivel genital, con debilidad de carácter e incapacidad personal. A la inversa, la palabra potencia desbordó su significado sexual para connotar autoridad, eficiencia y fortaleza. De tal manera que el paciente afectado de un problema de disfunción, además del menoscabo sexual, era afectado, y lo es aún, en su condición de persona.
En el pasado los problemas sexuales como la impotencia masculina, eran asociados a una conducta pecaminosa, después considerados una forma de enfermedad mental y finalmente como significativos de un desorden de la personalidad. Hoy, yendo al otro extremo, se acepta que ocurran en personas psicológicamente normales, en clara relación con circunstancias comprensibles, e incluso se ha ido develando una etiología al parecer de carácter fisiológico.
Hoy, al hablar de impotencia masculina se está haciendo referencia a la incapacidad del hombre de poner el pene erecto. En la actualidad, la sexología ha desterrado el término impotencia masculina. Se dice que lo más apropiado sería hablar de: disfunción eréctil, ya que el término impotencia masculina tiene muchas variedades: pueden ser completas, parciales, situacionales, u ocasionales.

